LOS CAROLINGIOS ENTRAN EN LA PENÍNSULA

Corría la pascua de 777 cuando Carlomagno, en la flor de la edad  y las conquistas, convocó la primera Dieta de la nación franca, y todos los notables del reino acudieron. También lo hizo la embajada encabezada por el gobernador de la marca superior de España, Sulayman Ibn Yaqzan, quien suplicó el amparo del poderoso monarca del norte frente a la opresión del emir de Córdoba, Abderramán I. Carlomagno vio en esta súplica una oportunidad de ampliar sus conquistas y dominar el valle del Ebro, estableciendo más allá de los Pirineos una primera frontera frente al enemigo musulmán.

Al año siguiente, con la llegada de la primavera, alistó un poderoso ejército que se puso en marcha en dos impresionantes columnas: una penetraría en España por la vía Augusta que atravesaba el paso pirenaico por la Junquera y la otra, dirigida personalmente por Carlomagno, llegó a Navarra por el paso de Roncesvalles.

Carlomagno puso cerco a Pamplona, la ciudad amurallada de los navarros, y la rindió obligándola a pagar un tributo y estableciendo en ella una guarnición que le cubriera las espaldas en caso de retirada. Retomó la ruta hacia Zaragoza siguiendo el plan que había acordado con Sulayman.