ASEDIO y TRAICIÓN

La rendición incondicional de Pamplona y la llegada del poderoso ejército carolingio hicieron recapacitar a los gobernantes de Zaragoza, quienes advirtieron que lo que habían negociado como alianza probablemente iba a terminar en conquista. Acudió Sulayman a parlamentar con el rey franco mientras su lugarteniente, Al-Husayn, al mando de la ciudad, se negaba a entregarla. Carlomagno se temió una traición y se percató de que lo que había concebido como un paseo militar se podía convertir en un largo asedio a una ciudad muy bien fortificada. La amenaza constante del emir de Córdoba y las noticias de la sublevación de los sajones que avanzaban por la orilla del Rhin destruyendo poblaciones e incendiando iglesias, terminaron de convencerle para regresar lo más rápidamente a su reino.