PAMPLONA DESTRUIDA

Llegaron a Pamplona, último bastión fortificado antes de partir hacia Francia, y, para evitar rebeliones y someterla a su mandato, el emperador ordenó destruir sus murallas. Dada la premura de un ejército en retirada los daños no fueron excesivos y consistieron en la apertura de brechas y en la eliminación de los elementos más significativos, lo que invalidaría la capacidad de defensa de la ciudad. Pero, aun así, estos trabajos requirieron varios días, los suficientes para que los pamploneses y sus aliados prepararan su venganza en Roncesvalles.